La ciudad subterránea del Pueblo Lagarto

Vamos a viajar a Estados Unidos, al estado de California y, concretamente, a la ciudad de Los Ángeles. Allí radica una vieja historia de los años 30, la cual yo pensaba tenía más de rocambolesca y sensacionalista que de verídica y bien documentada. Sin embargo, tengo que confesar que a medida que me adentraba en la documentación, unía cabos y recababa datos, yo mismo me he visto sorprendido.

Primera Búsqueda

En febrero de 1933, George Shufelt, ingeniero de minas, Rex McCreery, abogado, y un hombre llamado Ray Martínez comenzaron a cavar encima de Fort Moore Hill, en los terrenos de la antigua mansión Banning. Tenían un mapa antiguo, propiedad de Martínez. Shufelt que, como ingeniero, aportaba un invento que llamaba “máquina de radio de rayos X”, una herramienta sensible a los depósitos de metales preciosos debajo de la tierra. Y McCreery, como abogado, consiguió lo más sorprendente, un permiso de la Junta de Supervisores del Condado de Los Ángeles para excavar. ¿Por qué lo más sorprendente? Porque el permiso se solicitó para la “búsqueda de un primitivo tesoro enterrado en el lugar por antiguos colonos españoles”.
Las autoridades locales vieron en el posible tesoro una interesante fuente de financiación para los planes de expansión de la ciudad tras la Gran Depresión y el Crack del 29. El diario Los Ángeles Times publicó así la noticia:

La Junta de Supervisores del Condado ha autorizado a tres hombres para excavar en la colina de Fort Moore, con la condición de que el condado reciba la mitad de todos los metales preciosos descubiertos.

Dos semanas después, y tras haber excavado hasta 15 metros de profundidad, el Times comenzaba a bromear con la búsqueda:

…al parecer el oro es de carácter esquivo e inquieto y no se contenta con permanecer en un solo lugar….

La colina fue salpicada de agujeros, pero ningún tesoro salía a relucir. El 9 de marzo, a última hora del día, una ráfaga de emoción recorrió la excavación. Los tres hombres estaban agitados ante los datos que arrojaba el invento de Shufelt en un lugar concreto. El Times reflejaba así la noticia:

Un silencio cayó sobre la excavación, todo el mundo espera ver lo que la máquina de rayos pudo leer. Sin embargo, los cazadores de tesoros taciturnos se negaron a revelar la causa de la emoción contenida y nos han dejado con un aire de intensa esperanza.

Al día siguiente, el 10 de marzo, un terremoto de 6,3 grados sacudió la ciudad, matando a 120 personas y causando daños por valor de 45 millones de dólares. La búsqueda del tesoro fue olvidada con artículos sobre los muertos, la destrucción y el caos. El 27 de marzo expiró el permiso de excavación y nada más se supo de Shufelt o sus compañeros a lo largo de ese 1933.

Portada L.A Times

Segunda búsqueda

En enero de 1934, Shufelt vuelve a solicitar un permiso de excavación. En esta ocasión la historia que le acompaña es otra, era la que le había contado, y cito textualmente, Pequeño Jefe Hoja Verde, un jefe de los indios hopi, cuyas tradiciones hablan de “criaturas que volaban sobre escudos”.
La historia de este jefe indio decía que, hace tres mil años, un grupo de nativos americanos conocidos como el “Pueblo del Lagarto” comenzó a hacer túneles subterráneos. Se estaban preparando para el apocalipsis que se acercaba, que se imaginaban que vendría como una gran lengua de fuego que envuelve a la tierra. Enterraron profundamente en un laberinto de túneles subterráneos y antecámaras, los registros de la historia de la humanidad, grabados en tablas de oro gigantes.
Según afirmaba el propio Shufelt, lo que su “máquina de rayos X” había señalado un día antes del terremoto era la ubicación de esas galerías y tablas de oro.
Esta fue la historia que contó a la Junta de Supervisores del Condado. En su mano había un mapa que había dibujado de los túneles subterráneos, en base a las lecturas que había logrado con su máquina de “radio de rayos X”. Shufelt obtuvo el permiso para tan curiosa propuesta de excavación.
El proyecto es estrella en los periódicos; el 29 de enero, Times publica en portada el siguiente titular: “Descubierta Ciudad Lagarto bajo Los Ángeles”, acompañando el artículo una representación artística del Pueblo Lagarto y el mapa dibujado a mano de Shufelt, que según él se parecía al cuerpo de un lagarto. La cola del túnel en forma de lagarto estaría bajo la actual Biblioteca Central y su cabeza descansaba debajo de lo que hoy es el Dodger Stadium. La historia fue recogida en noticias nacionales. Todo el país estaba pendiente de Warren Shufelt, su fascinante historia y su “máquina de radio de rayos X.”
En febrero alcanzan más de 106 metros. Pero el 5 de marzo los pozos son rellenados apresuradamente y el contrato con la ciudad de Los Ángeles se rescinde. No vuelve a emitirse ningún comunicado sobre el proyecto, y varios proyectos federales empiezan a erigirse en la zona de las excavaciones. Hacia 1947 unas declaraciones de la Cámara de Comercio de Los Ángeles insinúan que «es bastante posible que ese laberinto existiera. Pero dado el actual desarrollo de proyectos —incluyendo edificios federales, estatales y del condado— hay pocas posibilidades de que futuras excavaciones puedan autorizarse». George Shufelt desaparece del mapa y nunca más hace vida pública hasta su muerte en noviembre de 1957. No hay información alguna posterior referente a los “supuestos” hallazgos del ingeniero.
Historias posteriores hablan de una red de túneles bajo Los Ángeles y Santa Mónica, que no son más que la periferia de una extensa metrópoli sumergida bajo la costa del Pacífico.

Actualmente

En mayo de 2014 tres investigadores de Los Ángeles, intrigados por la intensa actividad ovni de la zona en los últimos años, rastreaban milímetro a milímetro la zona de costa a través de Google Earth, según ellos mismos «buscando alguna anomalía que justificara los testimonios que afirmaban ver objetos voladores entrando y saliendo del mar». De repente encontraron una extraña estructura submarina frente a la costa de Malibú. Una meseta de 9,7 km cuadrados, con lo que sería una entrada entre unos pilares de apoyo de 19 metros de ancho y unos 190 de altura.
Las posibles explicaciones, el objeto, o el propio origen de esta presunta “puerta” de acceso submarina al subsuelo de Los Ángeles, es algo que, por ahora, queda a libre interpretación.

Algunos datos sobre los hopis

Los hopis son un gran grupo de nativos americanos del suroeste de Estados Unidos. Son una de las más antiguas tribus de nativos americanos en los Estados Unidos, cuyos orígenes datarían del año 1050.

¿Qué significa hopi?
Hopi significa “pacífico” o “gente civilizada” en la lengua hopi. Los hopis hablan una lengua que se llama apropiadamente hopi y es un lenguaje derivado del náhuatl.
¿De dónde son los hopis?
Los hopis viven en Arizona. Tienen una reserva en la zona suroeste de los Estados Unidos. Se llama Nación Hopi, donde algunos hopis permanecen hasta nuestros días manteniendo vivas sus tradiciones.

Hopis

Los amigos voladores de los hopi 
Los indios hopi afirman que sus antepasados fueron visitados por seres que se desplazaban en escudos volantes y dominaban el arte de cortar y transportar enormes bloques de piedra, así como de construir túneles e instalaciones subterráneas.
Escudos voladores
La tradición de los hopis —viva hoy en día— une el origen de su pueblo al contacto con unos seres de forma humana que disponían de aparatos voladores en forma de escudos. Los textos clásicos latinos, por su parte, así como también los Annales Laurissenses que daban cuenta de las campañas de Carlomagno, refieren diversos avistamientos de escudos voladores. Las tradiciones de los indios hopi, exactamente igual.

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